Esta reseña tenía que haberla hecho hace ya un año aproximadamente. He tardado tanto no porque no me gustara el libro (que me encantó) si no porque quería hacer una reseña especial, porque Simonetta se lo merece y éste libro también, por todo lo que me ha hecho sentir y recordar. Lo especial de la reseña que tenía en la cabeza es que iba a ir acompañada de una de las recetas que incluye en el libro y quería hacerla en mi nueva cocina.

Lo que pasa es que lo he ido dejando pasar y entre unas cosas y otras no ha llegado pero llegará, porque la receta la pienso hacer; lo único que vosotras escogeréis cual. Os daré unas opciones y la más votada será la que haga 🙂 Solo de pensarlo me está entrando hambre.

Pero volviendo al libro, tengo que decir que desde hace unas semanas no para de rondarme por la cabeza. En unas semanas me voy a Cabo de Gata con mi hermana, a disfrutar del sol, del mar, de los paisajes y de la tranquilidad. Y, obviamente, desde hace tiempo que pienso en las lecturas que me voy a llevar. Y el libro que más ganas tengo de leer, de volver a descubrir, es “Unas gotas de aceite” de Simonetta Agnello Hornby.

Pienso en las vacaciones que me esperan y no se me quita de la cabeza lo que daría por descubrir este libro en el viaje. Por conocer la infancia de la autora en Mosè, la finca familiar, ubicada cerca de Agrigento (Sicilia). Leer sobre sus veranos allí, sobre las tradiciones, la gastronomía… conocer la importancia de la comida para ellos, y el vínculo que crea ente las mujeres que preparan la comida; el amor, el respeto, la delicadeza que ponían en ello. Y también el vínculo entre los que recolectan el alimento, que van a comprarlo, y al final… el momento de compartir la comida entre todos ellos.

Lo que daría por poder leerla con ojos nuevos, cómo la primera vez. La envidia que me dais las que aún no lo habéis leído y tenéis la oportunidad de hacerlo.

La importancia de este libro no radica tan solo en la narración tan deliciosa que hace la autora sobre sus recuerdos y cómo lo vincula con la gastronomía (la recolección, preparación e ingesta); tampoco lo es el boceto que nos da sobre la cultura y las tradiciones italianas, si no que se encuentra en lo que nos transmite y en sus recuerdos que despiertan los nuestros.

A mi me trasladó a mi propia infancia. A los veranos en el pueblo; a cuando ayudaba a mi abuela a recolectar la cosecha. Cuando cogía tomates, los lavaba y les pegaba un ansioso mordisco, de esos que te llenan la cara y la camiseta de un jugo rosado. Cuando íbamos por el campo y cogíamos fruta de los árboles hasta hincharnos. A los desayunos juntas, a las comidas en familia. A sus deliciosos platos y el amor que transmitía al realizarlos.

Me recordó a las reuniones familiares cuando nos juntábamos todos, los de Austria, los de aquí y los de allá y se preparaba deliciosos platos, aquellos que echábamos de menos, que en el extranjero no disfrutábamos tanto y con los que soñábamos cuando volvíamos a Rumanía. Cuándo todos estábamos juntos y no faltaba nadie. Cuándo reunirnos todo no implicaba añoranza, ni tristeza porque realmente estábamos todos.

Y es aquí dónde “Unas gotas de aceite” deja huella. En que te cuenta pero sobre todo en que te recuerda y te hace revivir esos recuerdos. Y ojalá poder vivirlo de nuevo.

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