Elisabeth Mulder es una escritora española, nacida en Barcelona, muy conocida en su época, primera mitad del siglo XX. Con el tiempo, y cómo ha pasado desde siempre con muchas mujeres que han destacado en su sector, su voz fue silenciada y pasó al olvido. Por suerte, en los últimos tiempos, son cada vez más las editoriales que rescatan esas voces. En este caso ha sido la Editorial Renacimiento quién nos ha traído a Elisabeth Mulder y su “Una sombra entre los dos”.

La prensa, en su momento, consideró esta obra como la “primera novela española de reivindicación feminista” (prólogo de Pepa Merlo, p. 9) a pesar de que Elisabeth no estaba de acuerdo con esa afirmación pues no era su idea al escribirla. La idea de la autora al escribir la novela era demostrar que la sociedad española, que se supone había avanzado mucho en cómo se trataba a la mujer y en cómo su situación en la sociedad se había normalizado, era solo una fachada. Un vistazo a ésta sociedad bastaba para darse cuenta de que las cosas no habían cambiado.

Una sombra entre los dos nos habla sobre los hermanos Argensola, siendo la protagonista Patricia. Los dos hermanos son cirujanos pediatras; muy famosos en su sector por méritos propios. Ambos dedicaban su vida a su trabajo y a formarse más y más en él. Pero su familia y los demás de la clase alta a la que pertenecían, no veían con buenos ojos que Patricia hubiese estudiado una carrera y encima se dedicara a ella. En Juan era algo noble y maravilloso, en Patricia no; ella debería casarse, dedicarse a su marido, a sus futuros hijos; y mientras todo eso pasara, debería llevar una vida llena de frivolidades. Pero ninguno de los dos hermanos estaban a favor de esa forma de vida y Juan apoyaba a Patricia, se complementaban.

Pero un buen día, Patricia conoce a Julio Alcázares, un joven, elegante y rico abogado, perteneciente a una familia de más alta alcuña que los Argensola. Y se enamoran. Y, cómo no, Patricia es la que tiene que ceder, renunciar a su fuerte personalidad, a sus sueños, para mantener tranquilo el hogar y no poner en entredicho la reputación de Julio.

– Eso a mí no me interesa. Yo no me he casado para ser esclavo de la carrera de mi mujer.

– Y yo no me he casado para jugar al «bridge».

– No juegues al «bridge».

– ¿Y qué quieres que haga?

– No hagas nada. Es el ideal de las demás mujeres. ¡No sé de qué te quejas!

– De que se me impongan los ideales de las demás mujeres, precisamente.” (P. 179)

Pero, por suerte, y poco a poco, Patricia empieza a cuestionarse esa relación y esa sociedad que oprime a las mujeres, que las limita a una vida llena de sinsentidos, sin ninguna finalidad y que las vuelve locas; las agobia, las deprime. Esa inactividad a la vez llena de actividades sociales que no le dan tregua y que son tan perjudiciales para ellas, se ve perfectamente reflejada en el personaje de Pilar, la hermana de Julio.

Por otra parte, Juan Argensola, conoce a Soledad; una mujer que no pertenece a su círculo y que nunca será aceptada en él por ser una prostituta; pero al bueno de Juan eso le trae sin cuidado; prefiere ver a la mujer que hay detrás de ese título, conocerla y descubrir la maravillosa y gran mujer que hay detrás. Es este personaje bondadoso que ofrece, junto a Patricia, una perspectiva más dura sobre la situación de las mujeres y cómo son tratadas por la sociedad.

Todo el ideal, toda la esperanza, todo el formidable desgaste del cuerpo y del alma para esto: comer. Comimos mi hijo y yo. Si no del trabajo que eleva, del trabajo que degrada. […] Fue solo una lucha desigual y brutal con la vida y por la vida.” (P. 142)

[…] desde que tuve que ganar el sustento de Andresín, mi vida fue esa odisea vulgar, obscura, pero angustiosa y bárbara, de las mujeres arrojadas por fuerza a la cuneta de la sociedad, donde se mueren, se pudren, se vuelven locas o echan raíces de plantas venenosas y devuelven triplicado el mal que les hicieron.” (P. 143)

Una sombra entre los dos se presenta cómo una crítica feroz a un sistema que oprime a las mujeres, que las denigran, las rebajan, las transforman en meros espectadores de una vida y un tiempo que transcurre sin que ellas hagan nada ni aporten otra cosa que su vientre y su completa dedicación al marido, al hogar, a los hijos. Que no es poco trabajo, pero no es el suficiente, ni el correcto, ni menos aún debería ser tarea solo de las mujeres.

Una sombra entre los dos también crítica a una sociedad que margina y da la espalda a esos hombres que apoyan a la integración y normalización de las mujeres en la sociedad; a unos hombres que confían en el poder y la necesidad de las mujeres en sectores considerados hasta hace poco para hombres. Una sociedad que vanagloria la vanidad de hombres cómo Julio, frívolos, machistas y débiles al tener miedo a competir contra las mujeres, a tratarlas cómo iguales porque eso implicaría dañar su ego y su statu quo.

Una sociedad así solo merece ser dinamitada, cuestionada y Elisabeth Mulder con su lenguaje, su magistral forma de narrar, de crear personajes, de desarrollar la historia, lo hace.

Porque una de las cosas que más me han conquistado, sorprendido y admirado, ha sido la maestría de la autora para escribir. El libro es una joya no solo por la temática, por los personajes o por el mensaje que transmite, si no por ella, por el uso que hace del lenguaje y de las técnicas literarias. Leerla es puro gozo.

Solo espero que su nombre sea cada vez más conocido. Que más personas la lean y admiren su narración y su voz. Rescatarla del olvido.

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