Ruta de la Cola del Caballo en el Parque Nacional de Ordesa y el Monte Perdido (Huesca)

Es curioso cómo decidimos cuáles son nuestros lugares favoritos del mundo a pesar de lo grande que es éste planeta y de lo pocos o muchos lugares que hemos visitado. En mi caso, y sin querer generalizar, supongo que también en el caso de mucha más gente, esos lugares favoritos coinciden con los lugares en los que he sido muy feliz y que representaron mis primeras veces visitando X lugares, además de ser sitios de los que poco sabía y no esperaba gran cosa más allá de lo que había podido ver al organizar el viaje.

Hay un lugar en el que todos esos puntos se suman a las vibraciones y energías que sentí al estar allí. Era cómo estar en casa. No soy religiosa aunque de pequeña sí lo fui y mucho, de hecho me considero atea, pero desde que empecé a cuestionarme las cosas y el orden establecido, desterré esas ideas pero algunas evolucionaron a otra cosa. No creo en Dioses y menos aún en uno solo pero sí que creo desde hace mucho en las energías, en la naturaleza y en el vínculo que nos une y nos alimenta a (y de) ella. No soy mística y sin embargo creo en el poder de los árboles, de las plantas, de rodearte de energías positivas y desterrar las tóxicas; de escuchar a tu alrededor, de respirar y dejarte llevar.

Y hay un sitio en el que lo sentí. Abrí los ojos, respiré profundamente y noté esa conexión con el entorno que hasta me hizo llorar. Y desde entonces se convirtió en uno de mis lugares favoritos del mundo: los Pirineos Aragoneses. Pero sobre todo un lugar específico de los Pirineos, el Parque Nacional de Ordesa y el Monte Perdido.

Son ya cuatro años consecutivos en los que he ido a Huesca y he visitado varias zonas. He estado en varios pueblos, hicimos rutas de senderismo, me he imaginado viviendo en Jaca, he llorado al visitar la estación de Canfranc, me he enamorado de las vistas de Fanlo desde lo alto, hemos dormido en casas rurales, hoteles y disfrutado de una buena chimenea al llegar por la noche; me he despertado en pleno valle de Bujaruelo y comprado libros y dando paseos en la bonita Benasque; hemos recorrido las calles de Aínsa de noche y de día en más de cinco ocasiones. He visto la nieve y he respirado su otoño hasta que casi me explotan los pulmones. Pero nada fue comparable cómo el inmenso paisaje que he visto al hacer el pasado mes de octubre, la ruta de la Cola de Caballo pasando por las Gradas de Soaso del Parque Nacional de Ordesa y el Monte Perdido.

Cascadas impresionantes, alfombras de hojas, bosques profundos y prados en los que la inmensidad de lo que nos rodeaba nos dejaba sin respiración. Sus 17 km de recorrido no importan ante esa belleza. Pero es cierto que desde la primera vez que fui allí y no hicimos la ruta entera, sentí que todas las rutas recorridas hasta entonces me habían servido para estar en plena forma de hacer la Cola del Caballo entera sin sufrir y pudiendo disfrutar al máximo de sus paisajes y de lo que me ofrecía. Una vez más, pude sentir esa conexión con el lugar que he sentido en tantas otras ocasiones y que es uno de los motivos principales de volver año tras año.

No voy a hablar de lo técnica que es (porque no tiene complicación excepto que es muy larga y se puede pasar un poco mal si no se tiene algo de fondo), ni de todo lo que podéis ver, ni nada más aparte de lo que ya he dicho antes sobre su belleza. Sólo os voy a dejar imágenes, que muchas veces bastan por sí solas.

¿El próximo otoño que parte de ti acabaré descubriendo, queridos Pirineos?

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Amalia Coco Escrito por:

Estudiante de Comunicación. Aficionada a los viajes, la naturaleza, la fotografía y la literatura. Utilizo ésta plataforma para mostrar aquello que me apasiona.

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