Roma fue un destino soñado desde que era una enana. Italia en general lo era, pero sobre todo Roma. Me acuerdo que en mi habitación tenía un póster del país hecho por mí. Era un colage que había hecho a base de recortes de revistas turísticas. Había recortado, pegado y forrado. Lo adoraba.

Soñaba con visitarlo de arriba abajo; sus pueblos, ciudades, campos… recorrer sus calles, disfrutar con su arquitectura, probar su gastronomía… En mi cabeza tenía una idea de viajar a Italia muy al estilo de “Bajo el sol de la Toscana” o “Come, ama y reza”. Obviamente no fue nada por el estilo pero mi primera vez en el país fue Roma y fue con mi hermana. Mi primer viaje a la ciudad tenía que ser o con ella o con mi mejor amiga de la infancia (y con la que compartía obsesión), Andreea.

Y ay esa primera impresión. Llegamos de noche. Llovía. Tuvimos que hacer como cinco transbordos para llegar desde el aeropuerto a donde nos alojábamos; pasamos por calles que a esas horas daban miedo o al menos eso es lo que nos pareció a nosotras. Llegamos al camping agotadas. Al menos el bungalow estaba calentito y tras una ducha nos metimos en la cama y a dormir.

Al día siguiente llegó la maravilla. ¡Qué ciudad! Te lo puedes imaginar todo y, sin embargo, la magnitud de toda la arquitectura, historia y belleza que hay en una sola ciudad te dejan sin aliento. A mí me dejó en las nubes y sintiéndome una hormiguita en la inmensidad de la historia.

El Foro Romano me dejó boquiabierta aunque el Coliseo me desinfló momentáneamente. No me malinterpretes, es brutal pero creo que lo tenía demasiado machacado: lo había visto infinidad de veces, leído sobre él, visto en películas… toda la información que tenía sobre él era demasiada por lo que me esperaba todo lo que veía. Es el emblema de la ciudad y aunque todo lo demás también lo “tenía visto”, no llegaba hasta los límites del Coliseo.

Lo que me dejó sin aliento fue el Monumento a Víctor Manuel II, que fue el primer rey de la Italia unificada. No me lo esperaba tan imponente y tan enorme. Esa construcción cegadora de mármol, con su estatua del rey, sus estatuas de la diosa Victoria, sus caballos, esas escalinatas… Wow! Por lo que tengo entendido no fue un monumento muy querido porque para hacerlo tuvieron que destruir una parte de la ciudad medieval pero a mi me conquistó. Lo hizo de día cuando su blancura se ve aprecia sin contemplaciones y lo hizo de noche, iluminada.

Si has estado en Roma sabrás a lo que me refiero cuando te digo que pasear por sus calles te quitan el hipo. Caminar tranquilamente, absorberlo todo, fijarte en las fachadas, en los comercios, en la gente… y de repente levantas la vista y has llegado al Panteón de Agripa y enmudeces. Más aún cuándo entras. Sientes que estás en un lugar importante, grandioso. Y vuelves a salir a la calle, y sigues caminando, y de repente te pones a seguir a la gente porque ves que todo el mundo va hacia la misma dirección. Caminas y caminas y cruzas un pequeño callejón y la ves. No lloras de emoción porqué estás demasiado ocupada en exclamando y mostrando tu alegría a tu compañera.

Delante de mis ojos estaba ella, el lugar al que más ganas tenía de llegar. El lugar que más espacio ocupaba en el póster de esa adolescente tímida y soñadora. Estaba delante de la Fontana di Trevi.

Es curiosa la sensación que te invade cuando estás delante de algo con lo que soñabas durante años, sobre todo si es una obra de arte. La piel se te eriza, la respiración se te acelera, los ojos se te humedecen y no sabes si llorar, reír, gritar o bailar. Yo me sentía así. También sentía la necesidad de que todo el mundo desapareciera y me pudiese quedar a solas con ella. Me sentía en una burbuja pero era casi imposible respirar de la cantidad de personas que habían en esa pequeña plaza. Y, sin embargo, podría haberme pasado horas allí.

Pero había tanto que ver en la ciudad y nosotras solo disponíamos de dos días para vivirla. ¡Qué poco tiempo para una ciudad cómo Roma!

Te recomiendo que la noche la dediques a callejear por el distrito de Regola hasta cruzar el Ponte Sisto para llegar al Trastevere, uno de los barrios más mágicos de la ciudad; está lleno de vida, de bares, de restaurantes, de callejuelas encantadoras… y si encima la visitas en diciembre, cómo nosotras, estará lleno de luces y decoraciones navideñas con muy buen gusto. Por último, entra en alguno de esos restaurantes, pide una Margarita para llevar, ve hacia alguna plaza y allí, sentada dónde sea, disfruta de esos sabores. De la sencillez de esos ingredientes. Pero no la idealices cómo hice yo porqué no volverás a probar nada por el estilo y te pasaras la vida intentando encontrar ese sabor en otra Margarita pero tengo que decirte que no lo encontrarás porque todo lo que soñabas, todo lo que estabas viviendo y la compañía se mezcló con la propia delicia de la pizza hasta darle un sabor único.

Hay varias cosas que puedes hacer en Roma pero por mi experiencia te recomiendo que entre todas ellas escojas visitar las plazas más conocidas de la ciudad porque ¡son preciosas y hay tanta vida en ellas! Visita Piazza España y sube sus escalinatas, ve a ver una de las obras más famosas e increíbles de Bernini en la Piazza Navona, la Fuente de los Cuatro Ríos (Nilo, Ganges, Danubio y Río de la Plata); visita la Piazza del Popolo, puerta norte de entrada a Roma en la época de las Murallas Aurelianas.

Si has llegado hasta aquí, tienes que subir las escaleras que hay en una de las paredes de la plaza y sube… llegarás a la Colina del Pincio desde dónde tendrás unas vistas magníficas ya no solo de la Plaza, si no de Roma.

Disfruta allí arriba y luego baja y sigue haciendo camino. En Roma hay tantos caminos que tomar y que te llevarán a descubrir lugares y arquitecturas estupendas. Pero ten cuidado con salirte de las zonas históricas porqué allí la magia se rompe y da paso a calles mal asfaltadas, suciedad, caos, edificios destartalados… Es la otra cara de la moneda y no muy agradable pero está allí y la verdad es que hace que el viaje a Roma sea una experiencia curiosa porque después de haber estado en las nubes te baja a la tierra de un guantazo o de unos profundos baches en la carretera que parecerá que el autobús se desmonte.

PD. Haz muchísimas fotos pero ten cuidado cuando las pases a tu ordenador y las borres de la tarjeta de memoria porque pueden pasar cosas y que te desaparezcan la mayoría. Y será una desgracia, créeme.

Please follow and like us:
error

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
Social media & sharing icons powered by UltimatelySocial