Era un día nublado el que nos tocó cuando fuimos a ver Bocairent. También recuerdo que era un domingo, justamente el día siguiente a la cremá. Nos levantamos como cualquier otro domingo, con resaca de muchas horas de sueño y hastiados ante la idea de pasar otro día más en casa. Así que preparamos una mochila, fuimos a por comida y nos dirigimos a este pueblo del sur de la provincia de Valencia. Llevábamos tiempo queriendo ir pero siempre nos de acabábamos decantando por otro lugar o cambiábamos de planes y nos quedábamos en la ciudad. Pero de ese día no pasaba. Con Yacko (nuestro perro) en la parte de atrás cogimos la V-31 hasta llegar a la A-7 para después meternos por la CV-81. A 95 km de Valencia y después de poco más de una hora y diez minutos de carreteras y montañas, llegamos a un pueblo de aspecto melancólico. Bocairent.

Bocairent

El pueblo se veía en toda su magnificencia ya desde la carretera pero después de hacer la Ruta Mágica ya nos conquistó del todo. Esta ruta consiste en recorrer el centro medieval del pueblo y te permite verlo desde las afueras, además de conocer un poco más sobre la forma de vida de sus habitantes. Casas en cuevas y también casas colgantes, huertos escalonados, acequias y alguna cueva, como por ejemplo la cueva d’En Gomar. La Ruta Mágica empieza en la Plaza del Ayuntamiento y sigue por la calle Mossèn Hilari hasta llegar a un caminito adoquinado hasta el Carrer Baixada Tint. Subimos hacia la Plaza Sant Blai y volvemos a llegar al punto de salida. De todas formas la ruta está muy bien señalizada.

 

Después de esta ruta, que dura aproximadamente 40-50min., buscamos un sitio para comer. Acabamos en un claro en otra ruta recomendada por los guías turísticos que sube hasta el Sant Crist, tirados en el césped con Yacko correteando e investigando el terreno libre y feliz. A esas horas empezó a clarear un poco y pudimos disfrutar de un largo ratos estirados en la tierra, observando las vistas que teníamos delante nuestra: el pueblo rodeado por Sierra Mariola. Eso sí, toda la tranquilidad que nos rodeaba se rompía de vez en cuando por algunos visitantes que hacían la ruta del Sant Crist o por unos niños que intentaban volver loca a una cabra y a un burro que había en la colina de enfrente. Ah, y por las campanadas de la iglesia del pueblo. Nada de tráfico, nada de móviles, ni la televisión del vecino a todo volumen… solo personas paseando o jugando al aire libre -eso sí, los niños eran un poquito mal hablados-.

Después de tomar algo en la Cafetería Les Coves (por dentro es literalmente una cueva) y cotillear a un trío de motoristas -de los de verdad, con sus chupas y sus Harley Davidson- discutiendo algunos a favor y otros en contra de Ada Colau, regresamos a Valencia con las pilas recargadas, con la mente despejada y con la idea de volver en otra ocasión para realizar alguna de las rutas de senderismo que ofrece la zona o incluso la Ruta de les Covetes que te lleva por el pueblo hasta dos de sus puntos más emblemáticos: les Covetes dels Moros y la Cava de Sant Blai. Eso sí, no os llevéis perros para hacer esta ruta porque no les dejan entrar; hay partes de la ruta que tienes que hacerla en cuclillas o utilizando manos y pies para poder avanzar. Mientras tanto espero que esta escueta entrada os anime a que visitéis este pueblo medieval de la Sierra Mariola. ¡Hasta la próxima!

 

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